Arte para alimentar el corazón

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jueves, 30 de julio de 2009

Si aceptas perdonarte, podrás perdonar…

“Perdonamos fácilmente a nuestros amigos los defectos que nada nos afectan.” François de la Rochefoucauld

En el trabajo terapéutico se habla frecuentemente sobre el tema del perdón. Los que recibimos una rígida formación y creemos en la necesidad de perdonar inmediatamente, lamentablemente, comprobamos a corto plazo que las viejas heridas siguen abiertas recubiertas por una paralizante capa de culpa y resentimiento. En este caso el perdón se reduciría a una acción mecánica que deja el corazón y en inconciente a merced de otros sentimientos que imposibilitan el verdadero perdón. Sabemos que debemos perdonar, pero no sabemos como. Somos incapaces de perdonarnos a nosotros mismos y la culpa nos ahoga. Nos flagelamos hurgando en la vieja herida y reprochándonos lo que tendríamos que haber hecho
en esa ocasión…Y como no podemos perdonarnos a nosotros mismos, no creemos que el perdón sea posible. Somos muchos los que deseamos vivir en paz con nosotros mismos y nuestro entorno, pero no nos podemos reconciliar con nuestro pasado.

Perdón y reconciliación se complementan mutuamente y sin embargo tienen diferente significado. El origen griego de la palabra “perdón” significa dejar libre, despedir, absolver y esta siempre relacionado con la culpa. “Reconciliación” significa calmar, atraer las voluntades opuestas, restablecer la armonía. Es como un paquete de intentos de acercarnos a nosotros mismos, a nuestra esencia… y así posibilitar el acercamiento a nuestro entorno.

Cuando algunas personas nos hieren y ofenden, no saben muchas veces lo que están haciendo. Nos hieren porque ellas mismas están heridas, porque sufren de complejo de inferioridad y la única manera de sentirse superiores es manipulando, hiriendo, molestando. Perdonar a esa persona no es un gesto de debilidad, sino una manifestación de mi libertad y mi fortaleza. Por el contrario, si no lo perdono, el otro sigue ejerciendo poder sobre mí, manipulándome, siempre presente en la herida que no dejo de hurgar. El perdón me libera de ese poder extraño porque el otro no es ya un adversario sino un individuo herido, perturbado, incapaz de actuar de otra manera.

Pero para perdonar debo primero perdonarme, amarme y aceptarme tal cual como soy, reconciliarme con mi enemigo interior. La conciencia de que mi honor no debe ser defendido pone en nuestras manos el remedio para sanar la herida, invita al otro a buscar la honra dentro de sí y no en la humillación de los demás. La enemistad surge por proyección. El individuo no es capaz de aceptar sus deficiencias y las proyecta sobre mí, viéndome como un enemigo. Luego se obstina en combatir en mí lo que no ha aceptado en si mismo. El amor a los enemigos se resiste a entrar en el juego proyectivo y ve al otro, no como un enemigo, sino como alguien desgarrado interiormente, que de alguna manera necesita desgarrarme a mi también.

Pero para amar al otro debo primero amarme, reconciliarme conmigo mismo, aceptar mis heridas y soltar el pasado. El proceso de perdón es un proceso de sanación que lleva tiempo. No basta un simple acto de voluntad en un momento dado. Es necesario cruzar un valle de lágrimas para desembarcar en la orilla del perdón.

La reconciliación con nosotros mismos consiste en aceptarnos tal cual somos ahora, con nuestros defectos y virtudes. El sí valiente a lo que veo en mí es una reconciliación con mis sombras, mis aspectos desatendidos, enterrados, reprimidos. Porque si no lo hacemos esta sombra se convierte en enfermedad o un desgarrón que nos deja psíquica y espiritualmente fragmentados.

Una vez que nos perdonamos podemos abordar el perdonar al otro. Anselm Grüm enumera cuatro pasos hacia el perdón y la reconciliación:

1) Dejar que se manifieste libremente el dolor que el ofensor nos ha causado.
2) Dar vía libre a la indignación y rabia que se agitan en nuestro interior y gritan contra el que nos agravió.
3) Tratar de formarse un juicio objetivo de lo sucedido. Si hemos dado vía libre a la indignación veremos con más facilidad si la herida fue intencional o si el otro tocó una zona vulnerable y se abrió una vieja herida.
4) Liberar el poder del otro. Mientras no perdonemos le damos poder al otro, porque permanecemos interiormente atados a él. El perdón libera del peso de esa fría piedra que oprime el corazón y del veneno que interiormente nos mata.

Perdonar al otro no implica necesariamente una comunicación verbal expresa. El perdón puede manifestarse en forma de un saludo cordial, un acercamiento sin recelo, una aceptación tal como él es. Evitando siempre que el perdón se convierta en una acusación, una humillación.

Anselm Grüm sugiere también un juego imaginario de sustitución de roles. Se debe imaginar que el ofensor se encuentra sentado frente a nosotros en una silla. Debemos decir todo lo que sentimos por el ofensor sin disculparlo ni callar en nada. Luego debemos sentarnos nosotros en la silla del ofensor e invertir los papeles, respondiendo a nuestras propias acusaciones y gritos previos provocados por nuestro dolor. De esta forma vemos las injurias y acusaciones desde otro punto de vista y nos acercamos al perdón.

Quedando libres, no hay ni vencedores ni vencidos. Hay una decisión profunda de no volver sobre las viejas heridas y una aceptación del perdón por parte del ofensor ya que no se sentirá más juzgado ni acusado. Solo cuando el otro puede conservar intacta su dignidad estará dispuesto a aceptar mi perdón y perdonar él mi propia parte del juego.

“Enseñemos a perdonar; pero enseñemos también a no ofender. Sería más eficiente.” José Ingenieros (Filósofo y psicólogo argentino)

María Giacobone Carballo.


Bibliografía: “Si aceptas perdonarte, perdonarás.” Anselm Grüm. AGAPE Libros. 3ª Edición.

Agradecimientos: A mi sobrina Rocío Virasoro por haber puesto este material en mis manos y a Pablo José Condrac por haberlo puesto en manos de ella y de esta forma reconectarme con mi querido Anselm Grüm.

24 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias por tan valiosos aportes que no dejan de maravillarme por su simplicidad y claridad!
Con afecto,
Mirta

Anónimo dijo...

Perdonar: quizás sería válido pensar que quién te lastíma, no te ama, y para que gastar energías odiándole.
Pero qué pasa con aquellos que le hacen daño a un ser querido,como parar el odio para con esa persona.La nota buenísima y las definiciones muy enriquecedoras.Gracias.

Anónimo dijo...

Gracias María, hice el comentario en la página, pero el servidor me parece que no lo tomó, de todas formas es excelente la presentación, y si mis fuerzas te inspiran por favor no dejes de publicar, que son muy buenas notas de reflexión para los problemas de la vida cotidiana, un abrazo Gustavo.

Maria Giacobone Carballo dijo...

Gracias por sus comentarios.
Muy buena observacion: el odio hacia el que lastima un ser querido... es muy dificil, a mi me pasó con mis hijos...el dolor de verlos sufrir... creo que en este caso tenemos que reconocer nuestros sentimientos, los 4 pasos, y simplemente no entrar en una guerra con el agresor de un ser querido...
Besos,
María

Anónimo dijo...

Hola María, como siempre es un placer leer tus escritos que abundan en verdad y que tocan el corazón en lo más profundo. Estoy de acuerdo contigo que el perdón es un proceso, y es muy cierto que cuando no perdonamos, es porque no sabemos cómo. También leí tus escritos de biosofía y me pareció fantástico lo que allí descibes. Muchas veces tratamos de curar el cuerpo, cuando lo que en realidad nos aqueja es el alma.
Calurosos saludos hasta Argentina! :)

P.D. Qué tal te va con el libro? :)

Nieves Montaldo

Anónimo dijo...

Hola Nieves! Gracias por tu feedback. Siempre un gusto leerte!
Besos,
María

Adrisol dijo...

que hermosa entrada!!
para pensar, reflexionar y actuar........
claro que lo primero es el auto perdón, aunque tan difícil!!
aceptar lo que hay y perdonar.....

muy bueno,amiga!!
felicitaciones por esta elección de temas..

besosssssssssssss

Maria Giacobone Carballo dijo...

Gracias Adrisol! Los temas que elijo son las piedras que voy despejando de mi propio camino y simplemente comparto mi experiencia y me enriquezco en el proceso.
Besote y gracias por ESTAR!
María

Carmen dijo...

Fantástico artículo, de mucho nivel. Todo es absolutamente real.
Me costó mucho aprender a perdonarme...de allí en más, cuando lo logré, pude comprender y pordonar a los demás. Somos culpógenos por nuestra educación. La culpa no ayuda en absoluto a transformarse y menos a perdonar. El Padre Nuestro gira en torno al perdón, sin embargo muy pocos lo practican, porque no saben que primero deben logar el autoperdón y no proyectar su sombra en los demás. Tampoco se animan a incursionar por la "sombra".
Felicitaciones, es un aporte valiosísimo. Espero sea cabalmente comprendido.
Pipa San Miguel

Naida dijo...

Uf, pues a mí es lo único que se me quedará ya para toda la vida. El no perdonar algo que me hizo un amigo, prefiero que me duela a olvidarlo.

Anónimo dijo...

María: GRACIAS! sabés que hace casi un año que no puedo perdonar a alguien que me lastimó profundamente, creí morir. Logré salir y en ese momento dije te perdono...y no al tiempo empecé a sentir uan fea y negra necesidad de venganza que no me condujo a NADA solo a lastimarme mas a mi. Con este texto siento que no estaba tan loca, y que a todos nos pasa en algun momento. Y la verdad es asi tal cual como de a poco estoy curando esas heridas. Queriéndome y perdonándome a mi misma primero. Abrazos. Lau

Maria Giacobone Carballo dijo...

Hola Pipa,

Gracias por tu reflexión. Estoy de acuerdo con vos, el Padre Nuestro gira entorno al perdón...pero como se reza en forma mecánica, se perdona en forma mecánica. Anselm Grüm
es psicolog y monje Benedcitino, yo leí un libro de él el año pasado y cuando lo terminé y me enteré que era cura, me quede asombrada por su apertura y practicidad.
Como vos bien decis, hay que ser muy valiente para incursionar en las sombras, es mucho más facil encandilarse con la luz....
Besos,
María

Maria Giacobone Carballo dijo...

Naida! Soltá el dolor... te vas a cansar de arrastrar la mochila!
Besos,
María

Anónimo dijo...

MERY QUERIDA :
LINDISIMO LO QUE ESCRIBISTE , ES UN TEMA QUE DA PARA TODO ...
BSS
MERY

Maria Giacobone Carballo dijo...

Gracias Mery!
Besote,
María

La hija de la Lágrima dijo...

Maravilloso, me quedo tranquila y me reconforto conmigo misma, soy humana, un beso y gracias por ayudarnos a pensar y repensar

Maria Giacobone Carballo dijo...

Gracias La hija de la Lágrima, me alegra que te hayas sentido reflejada en la nota, justamente es uno de mis objetivos ayudar a transitar el claroscuro de las emociones.
Besos,
María

Pachi Espeso dijo...

Gracias María. Muchas gracias

Anónimo dijo...

SI!!HAY Q PERDONARCE ,DESPUES DE TODO LO Q NOS PASA EN LA VIDA ,NO SOLO DEPENDE DE UNO,TAMBIEN DEPENDE DE QUIEN SE TE CRUSE EN ESE MOMENTO DE HECHO,TODO ES CIRCUNSTANCIAL,HAY VECES Q UNO SE ENCUENTRA CONOCE CON ALGUIEN Y PIENSA Q TODO VA A SER BUENO Y DE PRONTO SE VA TRANSFORMANDO Y RESULTA Q TERMINAS LASTIMADO/A Y ES AHI CUANDO TE PREGUNTAS ,DE QUIEN ES LA CULPA???ALFINAL LO Q QUEDA ES OTRA HERIDA MAS,Q LUEGO CICATRIZA Y ASI TERMINAMOS,LLENOS DE MARCAS QUE NO SE VEN PERO Q SENTIMOS UN PINCHASO DE VEZ EN CUANDO.....SERA PARA TODOS IGUAL?

Anónimo dijo...

Gracias por lo que escribiste, como siempre me calza justo y ademàs gracias por traermelo a Anselm Grumm!!! Mari

Gabriela Maiorano dijo...

Hola María, me gusta mucho tu blog y siempre paso para leerlo. Te sigo siempre. En mi blog hay un premio que quiero compartir con vos.
Besos
Gabi

Romina Soledad Bada dijo...

Muy interesante!! Yo creo que El perdón no es un simple mecanismo para liberar de culpa a quien nos ofendió, el perdón es un mecanismo para que uno sea libre de la amargura que dejó esa acción en nuestro corazón. Yo puedo decidir perdonar a alguien, que no está arrepentido de verdad de haberme dañado, por que mi intención al perdonar, no es que esa persona quede libre de culpa, si no que yo quede libre en mi interior, que yo tenga paz, que yo pueda vivir bien, que haya desatado la amarra que me tenía detenido en el puerto.

Es muy importante saber, que el perdón no exime de culpa al ofensor, sino que libera al ofendido. Tu y yo necesitamos decidir perdonar para ser libres de las heridas del alma.

He escuchado muchas veces la frase: "yo perdono, pero no olvido", y pensamos seriamente que si no olvidamos es debido principalmente a que realmente no hemos olvidado, pero esto también es un error, el perdón no implica nunca que olvidemos todo, el perdón no produce amnesia, no es indispensable que olvidemos para perdonar, puedo perdonar y estar consciente del daño que se me hizo, pero he decidido que ya no me va a afectar nunca más en mi vida.

Hay un punto muy importante: es que podemos decidir perdonar, tomamos la decisión de ya no traer al presente las cosas pasadas, incluso nos mantenemos firmes en la decisión de no criticar, ni agredir a la persona que nos ofendió. Sin embargo, no podemos decidir dejar de sentir. Si uno quiere de verdad que se vaya lejos lo que se siente, no depende exclusivamente de uno, pero creo que es imposible dejar de sentir.

Cuando uno decide perdonar de una vez a alguien, es indispensable que uno lo confiese con su boca, no hay que pensar en el perdón, hay que hablar el perdón, no importa que uno esté sólo, quizás pueda ir en mi automóvil escuchando música y piense: "si yo necesito perdonar, yo debo perdonar, yo quiero ser libre de la culpa que otra persona me hizo a mí en su momento", pero no es suficiente que lo piense, hay que confesarlo con la palabra, aunque uno esté sólo en un lugar, que salga de tu boca libremente. Observo una marcada diferencia entre pensarlo y hablarlo; con nuestra boca tenemos el poder para la vida y poder para la muerte, poder para atar y poder para desatar. Sin lugar a dudas, cuando uno perdona y lo confiesa, siente esa libertad, ese peso extra que se va, tal vez acompañado de lágrimas, tal vez acompañado de tristeza y de llanto, pero finalmente se es libre. En fin..

Meli dijo...

Gracias María por colocar este material, me ha servido de mucho... Como anillo al dedo y no me dá pena decirlo... Lo necesito mucho, ya que estoy trabajando en mi interior.

Besos!

Anónimo dijo...

Que buen texto María !!! El perdon asi planteado lleva a evolucionar como personas...tarea nada facil pero posible. En mi experiencia me ayudo mucho ponerme en el lugar del otro, por que lo hizo que lo motivo? como penso esta accion o actitud desde su personalidad?
Pero del dolor no nos salvamos pero es cierto que cuando lo liberamos nos sentimos plumas.
Y mas fortalecidas.....Gracias!!!
Un beso grande
Marìa Claudia