Arte para alimentar el corazón

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jueves, 25 de marzo de 2010

La bella Sulamita y la corona de Miss Universo.

Uno de los grandes conflictos del universo femenino es la poca aceptación de su físico que tienen muchas mujeres, las altas quieren ser mas bajas, las bajas más altas y todas o casi todas (al menos en esta época) querrían ser delgadas.

Para superar esta disconformidad con el cuerpo que le tocó en el reparto a la hora de nacer, la mujer desde hace miles de años intentó mejorar su imagen poniéndose adornos muy variados de acuerdo a la “moda” de su propia cultura.


Cada época tiene su propio patrón de belleza, el que la gran mayoría de las mujeres adopta como unidad de medida en su escala de autoestima.

La mujer moderna cuenta con muchas armas para atacar sus falencias estéticas, las que pueden buenas aliadas, sino se abuse de ellas. La silicona que se pone aquí y allá para aumentar el pecho, las nalgas; operarse para quitarse, ponerse… Botox que si se inyecta en los músculos de la frente, estos quedan semiparalizados de manera que impiden fruncir el ceño ¿Y cómo se enteran los demás de que algo te desagrada? Para colmo, al parecer, los efectos duran unos seis meses, o sea, que te queda la cara sin expresión durante ese tiempo y luego te vuelves a arrugar. ¿No es mejor unas arrugas en el ceño para demostrar disgusto, o unas arruguitas en los ojos y en las comisuras de la boca producidas por la risa? Y además si te estiras solo algunas partes del cuerpo ¿Qué pasa con el resto cuando te desnudas? Si tanta importancia le das al aspecto físico, y te embelleces solo por fuera, la autoestima se te caerá al suelo para no levantarse más.

Hoy vamos a recordar una belleza mítica. “La Sulamita” será nuestra modelo, la hermosa amante del Rey Salomón, una pastora llena de virtudes, y también poseedora de una belleza deslumbrante. Los invito a recorrer su cuerpo y su alma…

Sus ojos tras el velo, son como dos palomas, semejantes a la superficie de un manantial, chispeantes y llenos de pacífica alegría. "La Sulamita" esta feliz y sus ojos lo denotan, no hay ojeras ni cansancio, las arrugas existen, pero son la marca de su valor y sabiduría.

Sus cabellos son como los rebaños de las cabras, negros y ondulados. Ella es pastora, esta expuesta al clima caliente del desierto, a la arena y los vientos recios, pero al caminar sigue siendo su cabello una poesía, porque en ella todo es aceptación de su naturaleza.

Sus dientes blancos resaltan su sonrisa. No hay dentífrico ni enjuague que los purifiquen, sólo la sinceridad de sus palabras, y la trasparencia de su expresión.

Sus labios de rojo escarlata (le gusta el maquillaje como a las mujeres de Egipto). No dejan de ser delicados y sensuales. Su expresión relajada atenúa el paso del tiempo en su rostro.

Sus mejillas son redondas y sonrojadas. Fruto de una vida sana y una buena alimentación. No necesita cosméticos para disfrazar la pálida amargura, todo en ella entusiasmo.

Su cuello, largo como torre de marfil y adornado con piedras preciosas. Levanta su cabeza erguida, los pensamientos no le pesan, ni la humillan. Se liberó del peso de la culpa.

Sus pechos perfumados con fragante olor de azucenas. Tira su espalda hacia atrás y no esconde, avergonzada, la perfección de su belleza.

Sus pies, cómodos en sus sandalias, personales en su estilo. Avanzan ágiles y seguros, porque escoge andar cada día por el camino correcto.

Las curvas de su cadera como alhajas labradas por un hábil artesano se mueven con gracia y flexibilidad, La Sulamita disfruta de su feminidad.

Su ombligo es una copa redonda rebosante de buen vino y su vientre es como monte de trigo rodeado de jazmines.

Su porte majestuoso, erguido cual tallo de palmera. Talle de Reina, quizá no tenga las medidas exactas y perfectas, pero su porte indica que merece la corona y el cetro.

Esta es la mujer que parece merecer la corona de reina de belleza, pero el autor del libro de Cantares, también es el autor del Libro de Proverbios y entonces añade una frase más, completando así la parte más importante en su descripción.

“La sabiduría es lo primero, ¡Adquiere sabiduría! Por sobre todas las cosas, adquiere sensatez, abrázala y ella te dará dignidad, te pondrá en la cabeza una hermosa diadema; te obsequiará una bella corona. Serás una Reina resplandeciente.”

Para ser bella hay que comenzar la operación desde dentro del alma “El corazón alegre se refleja en el rostro” Proverbios 14: 33

Como "La Sulamita", todas las mujeres tenemos el potencial para convertirnos en reinas. Reinas de nuestro Universo Personal. Todas podemos ser "Miss Universo” si decidimos no volver a caer en la baja autoestima, la culpa o el autocastigo. De lo contrario nos seguiremos desgastando por fuera y carcomiendo por dentro.

La verdadera belleza de la mujer no es corruptible, porque no depende solo de lo físico, sino que es la belleza de una forma de ser que reúne la armonía estética de un estilo personal, con un toque de sensualidad, alegría, ternura y serenidad.


Yo te he nombrado reina.
Hay más altas que tú, más altas.
Hay más puras que tú, más puras.
Hay más bellas que tú, más bellas.
Pero tú eres la reina.

Cuando vas por las calles
nadie te reconoce.
Nadie ve tu corona de cristal, nadie mira
Ia alfombra de oro rojo
que pisas donde pasas…”
Pablo Neruda.




Tú eres reina… solo basta con que tú lo reconozcas para que los demás también te coronen.

María Giacobone Carballo